Cuando la violencia también es opinar sin saber

La escena es conocida, casi automática. Un video, una imagen, un recorte. Un titular que sugiere abuso. Y en cuestión de minutos, la sociedad ya dictó sentencia. Esta vez, la historia parecía clara; un conductor de Uber detenido de manera violenta por la policía en pleno centro. La reacción no se hizo esperar; indignación, críticas, acusaciones. La policía, otra vez en el banquillo. El conductor, convertido en víctima.

Pero la verdad (esa que llega más tarde y casi siempre más débil) contó otra cosa. Antes de esa detención, el mismo conductor había atacado a un taxista, pateando su vehículo y dañando su herramienta de trabajo. No había un inocente sometido arbitrariamente, sino una intervención policial frente a una conducta violenta. El procedimiento, lejos de ser un exceso, aparece entonces como una respuesta legítima.