Aunque el Banco Central no informó -ni lo hará- si ya puso en práctica el anuncio que ya empezó a regir, por el cual absorberá los pesos que se emitan para comprar dólares en el mercado de cambios oficial, la medida supone un cambio radical en el enfoque comunicado hasta el momento respecto del camino para eliminar los controles de cambios. Y la primera reacción del mercado a ese giro no fue buena.
Si bien la brecha cambiaria comenzó a achicarse con el mero anuncio y el dólar financiero volvió al rango de los $1.300, lo cierto es que a los tenedores de bonos la noticia les resultó muy difícil de digerir. La razón es evidente: aunque venía acumulando pocas, el Banco Central sumará incluso menos reservas que antes, lo que plantea interrogantes sobre la disponibilidad de divisas a la hora de hacer frente a los pagos de la deuda. Esto a pesar de que, obligado por esa lectura inmediata del sábado, el domingo el ministro de Economía, Luis Caputo, informó que la dólares de los bonistas ya estaban debidamente puestos a resguardos. En cualquier caso, es el fondo de la cuestión lo que inquieta al mercado: la acumulación de reservas dejó de ser la prioridad absoluta del Gobierno.